Informe Mundial sobre la Trata de Personas

El jueves 13 de febrero, el SIMN estuvo presente en las oficinas de las Naciones Unidas en Nueva York en la presentación del “Informe global sobre el tráfico de seres humanos.” Antonio María Costa, Director Ejecutivo de la Oficina sobre Drogas y Crimen de las Naciones Unidas (UNODC) presentó el informe, subrayando sus puntos principales.

La expresión trata de personas puede inducir a error: hace hincapié en los aspectos de operación comercial de un delito que puede definirse con mayor exactitud como esclavización. La explotación de las personas, día tras día, año tras año.

Tras un largo período de desinterés e indiferencia, el mundo está tomando conciencia de la realidad de una forma moderna de esclavitud.  Al oír este toque de atención, los políticos y las personas normales y corrientes me hacen dos series de preguntas. En primer lugar, quieren saber la magnitud que verdaderamente alcanza el delito de la trata de seres humanos: ¿Cuántas son las víctimas? ¿Quiénes son los traficantes, qué rutas utilizan y qué beneficios obtienen? ¿Qué tendencias predominan? Es decir, ¿Se agrava constantemente el problema? ¿Por qué y dónde?

En segundo lugar, la gente quiere saber qué tienen que hacer, como personas y como colectividad. En primer lugar, durante los últimos años se ha duplicado el número de países que han adoptado medidas para aplicar el principal instrumento internacional en esta esfera: el Protocolo contra la trata de personas, de las Naciones Unidas. Ahora bien, son muchos los países, en particular de África, que carecen aún de los instrumentos jurídicos necesarios.

En segundo término, aunque el número de sentencias condenatorias aumenta, no lo hace en proporción a la creciente conciencia (y, probablemente, la magnitud) del problema. La mayor parte de estas sentencias condenatorias se sigue dictando en tan sólo unos pocos países. A 2007-2008, en dos de cada cinco países abarcados en el presente informe no se había registrado una sola sentencia condenatoria.

En tercer lugar, la explotación sexual es, con gran diferencia, la forma de trata de personas detectada con más frecuencia (79%), seguida del trabajo forzado (18%), lo que podría obedecer a un sesgo estadístico. Por lo general, la explotación de la mujer suele ser visible y ocurre en los centros urbanos o al lado de las carreteras. Al ser objeto de denuncias más frecuentes, la explotación sexual ha pasado a ser el tipo de trata más documentado en las estadísticas globales. En cambio, otras formas de explotación no son notificadas suficientemente: el trabajo forzado o en condiciones de servidumbre; la servidumbre doméstica y el matrimonio forzado; la extracción de órganos; y la explotación de los niños en la mendicidad, la industria del sexo y la guerra.

En cuarto lugar, el número de mujeres que se ven involucradas en la trata de seres humanos, no sólo como víctimas (lo que ya sabíamos), sino también como traficantes (lo que se hace constar por primera vez en este informe), es desproporcionado. Las mujeres delincuentes desempeñan un papel más destacado en la esclavitud moderna que en casi todas las demás formas de delincuencia. Es menester hacer frente a este aspecto, especialmente a los casos en que las antiguas víctimas se han tornado en autoras de los delitos.

En quinto lugar, una mayoría de los delitos de trata de personas revisten un carácter nacional o regional y los cometen personas cuya nacionalidad es la misma que la de sus víctimas. También se dan algunos casos notables de trata de personas sobre largas distancias. Europa es el destino de víctimas de los más variados puntos de origen, mientras que las víctimas procedentes de Asia son objeto de trata a la más amplia variedad de destinos. El continente americano destaca a la vez como origen y como destino de las víctimas de la trata de seres humanos.

El presente informe mejora nuestra visión parcial de las fuerzas que actúan en los modernos mercados de esclavos. Sin embargo, no se dispone aún de datos normalizados de carácter internacional, en consecuencia, nos sigue faltando una visión global de la cuestión, y de la forma en que sus distintos elementos actúan recíprocamente para constituir el todo.

No contamos aún con las categorías lógicas que se precisan para establecer bases de datos multidimensionales. Deberíamos estar en condiciones de diseccionar los actuales mercados de esclavos en sus partes componentes (demanda, oferta, trata, y precios conexos), pero no lo estamos. Tenemos que catalogar los distintos tipos de esclavitud –la explotación mediante la mendicidad infantil en Europa es distinta de lo que ocurre en un prostíbulo o en la esquina de una calle en Australia- pero no podemos por falta de datos. Asimismo, las medidas preventivas deben adaptarse para tener en cuenta que un padre asiático vende a su hija menor de edad en circunstancias distintas de las que obligan a un adolescente africano a  unirse a un ejército destartalado de asesinos, o lo que empuja a un inmigrante ilegal a trabajar en un taller clandestino en América. Así pues, las medidas para salvar a las víctimas y castigar a los delincuentes deben adaptarse a esas circunstancias.

Durante sus conclusiones, Antonio María Costa hizo un llamamiento a los representantes del mundo de las ciencias sociales, tanto en el ámbito académico como, de forma especial, en los gobiernos, sobre la urgente necesidad de trabajar junto con la UNODC en la generación de categorías lógicas e información estadística establecida sobre datos probados sobre la política contra la esclavitud. En sus propias palabras: "La crisis a la que estamos haciendo cara es la de un conocimiento fragmentado y respuestas dislocadas e inconexas que intensifican un crimen que nos avergüenza a todos.

El informe completo en: www.unodc.org/unodc/en/human-trafficking/global-report
or http://www.ungift.org/